Llevo un ‘no me olvides’, para cada que te cruzas en mí.
Sí es verdad, cariño, que lo llevo a veces atorado en la garganta y el viento me pide lo grite como su regalo.
Llevo un ‘no me olvides’, para cuando sea neblina.
Sí es verdad, cariño, que lo llevo por si me evaporo luego de espesar y se despeje el camino.
Llevo un ‘no me olvides’, para pronto pegármelo en la frente.
Sí es verdad, cariño, que lo llevo incrustado hasta en las entrañas para dártelas y sean ofrenda.
Llevo un ‘no me olvides’, para consuelo propio.
Sí es verdad, cariño, que lo llevo porque me olvidaste; y en la corriente ha de flotar, sin sutilezas cual paloma mensajera el subconsciente, y por si lo vuelves a escuchar:
¡No me olvides!
