Lluvia de fuego.

Ocasionalmente las tardes no son un marco que uno se disponga a pintar con fervor. A veces miro entre todo aquello que se ha disipado como el vapor de un recuerdo; miro dentro de mi integridad en ocasiones arrastrada. Observo con atención mis pasos mal dados, las caídas.

Me planto en los fragmentos, piezas rotas del cristal de mi persona.

Cascañeo los dientes por temblar y mi pulso aumenta a la par de mis cuestiones.

Quiero sentir calor pero no puedo, quiero sentir más de lo que anhelo… y sé que lo logro con grandeza por instantes, pero la frecuencia aguda me impide mirar más de fondo. La barrera helada empaña los rastros de fuego y la lluvia infernal que por miradas hago caer, ¡estalla!

El poder, no es poder, si hay control mal enfocado. El poder, es poder, si hay dominio en cada acto.

Quiero glorificar mis glorias y explotar mi volcanes, que ardan lava por justicia al sol, mi ser.

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