Prayers of amor propio.

La frescura de mis veinte años no debería ser condenada a su marchite.

Hoy miro a través de cristales verdes de destellos grises, con la esperanza puesta al cielo;

reconozco y dejo correr la vida en mil venas.

Lo rosado en las mejillas con la calidez de la piel. La pasión absurda.

Vanidad gigantesca que pongo junto a mis nulos talentos.

Y me desnudo frente al espejo.

Veo mi piel, clara y suave.

Mi cabello que cae y rosa mis hombros ¡me encanta! Huele a haba tonka, vainilla y praliné.

Mi pecho brilla.

Los kilos de sobra -que odio- no me estorban por un momento.

Y me digo: ¡ERES HERMOSA, COÑO! ¡QUE LAS LENGUAS SE AGITEN!

Y a los tiranos que les den por culo.

A los que niegan su propio lenguaje también.

Y oro por un nuevo despertar.

De días jóvenes. De noches largas.

Ya sea de dicha o dolor pero con mensaje siempre, hasta en los pequeños detalles.

Oro para que el entorno cambie.

Porque no se pierda el tiempo en pensar que tenemos el mañana asegurado para amar(nos).

No es así.

Oro porque cada individuo se aprecie en forma cualquiera,

con su frescura de veintes, treintas y hasta cientos.

Que se estremezcan con su particular belleza.

Para que ya no esté mal

hablar bien de uno mismo.

No me olvides.

Llevo un ‘no me olvides’, para cada que te cruzas en mí. 

Sí es verdad, cariño, que lo llevo a veces atorado en la garganta y el viento me pide lo grite como su regalo.  

Llevo un ‘no me olvides’, para cuando sea neblina.

Sí es verdad, cariño, que lo llevo por si me evaporo luego de espesar y se despeje el camino.

Llevo un ‘no me olvides’, para pronto pegármelo en la frente.

Sí es verdad, cariño, que lo llevo incrustado hasta en las entrañas para dártelas y sean ofrenda.

Llevo un ‘no me olvides’, para consuelo propio.

Sí es verdad, cariño, que lo llevo porque me olvidaste; y en la corriente ha de flotar, sin sutilezas cual paloma mensajera el subconsciente, y por si lo vuelves a escuchar:

¡No me olvides!

Cordel enmarañado.

– Me volví a liberar por los mismos motivos. He decidido que, sin pena, voy a andar por aquí, por allá. 

Que la pena misma es obstáculo, cúmulo y pesar. 

He decido abrir los ojos. 

Al despertar.

Al andar.

Al pensar.

He decidido pensar.

Nunca lo sucedido, hasta que se me presenta la obviedad.

Más bien, recapitulo hasta divagar.

He decidido divagar.

Porque divago horas, sin conciencia, y escribo, mis debrayes. Sin ponerme a disposición de lío ajeno, sólo a mis arranques.

He decidido hacerme un lío.

Porque enredado el cordel comienza a desistir, de su enmarañe.

Sin dar cuenta del avance, de la búsqueda y

de la situación su capa de empañe.

Evoco

Esperé desde Abril y su final hasta hoy, día a día una poesía con destinatario y sin enviar, pero la voz se me quebró… el alma también.
¿Cómo es que el tiempo y el amor se me van tan rápido de las manos?

Todo te evoca.

Yo te evoco; y me destruyo.
Tú eres; y me destruyes.