El aprendizaje es más allá de lo que se conciba.
Realmente, hoy, ¿qué aprendo y qué aprendí?
¿Qué hay con todo aquello que es importante? ¿Qué me toca ver a través de los ojos del agradecimiento?
Un día, llegó a mí EL SALVADOR de mi vida en brazos de mis héroes… moviendo su colita enroscada, de apenas unos 40 centímetros de altura y con la mirada más pura que jamás haya existido. Lamió mi rostro y me sonrió. Llegó con un ladrido tierno y una misión.
En la vida, ¿cuántas veces somos plenamente bendecidos? En la vida, ¿observamos a nuestros enviados? El mío resultó ser el más sabio. El más listo… vamos, ¡él lo sabía todo! Sabía todo desde las alegorías filosóficas más profundas hasta las recetas maravillosas de la gastronomía mundial.
Él sabía cómo mover la cabecita ante “Alice” de Danny Elfman. Y sabía los secretos del mundo.
Apuesto a que podía ver las constelaciones estelares y distinguir cada una, y sin temor a equivocarme, era el genio de guiones extraordinarios que jamás se contaron.
Mi salvador tenía la nobleza del universo almacenada en su torso. Y unas patas protectoras que acariciaban a los míos al dormir.
Mi pequeño gran ser se levantaba como un rey y en el comedor, me besaba el rostro y me abrazaba con el fervor de un amor inigualable.
Luke, su nombre… REY DE MI CORAZÓN, su título.
¿Y el título? Ganado a pulso. En cada partida que tenía, en cada ocasión lejana siempre llevaba un pelo plateado para escoltarme los pasos con cariño, desde los acertados hasta los equivocados; el grandioso VALOR DEL CORAZÓN refugió mis visiones y adornó los vientos conmigo en sus recuerdos hasta que volvíamos a fundirnos en un abrazo y una caricia.
Hay seres insustituibles, realmente auténticos… tan únicos en su tipo que cualquiera les queda corto a su grandeza. Y así es. Incomparable. Extrovertido. Divinamente juguetón y con el espíritu de la entrega.
En etapas estuve lejos. Y él anhelaba mi regreso.
He pasado por heridas y he triunfado ante la adversidad. Me he construido bajo el propósito y ese camino de dos meses nuevos, que estuvimos plenamente juntos, como en el inicio, cargado entre mis brazos y besado hasta las orejas comprendí que no hay mayor obsequio que estar con quienes amo, porque por ellos soy quien yo soy.
¿Y quién soy? La mamá de Luke.
Luke ladraba con valentía y adoraba enterar a todos sus seguidores de cualquier acontecimiento.
Sonreía bellamente. ¡Su sonrisa es inmortal!
Para mí, el más hermoso, celestial y bello de la existencia canina y esencial.
Podría escribir pergaminos y ten por seguro que lo haré, estaré para cantarte en las estrellas. Para cantarte en los triunfos y cumpliré mi promesa.
Mi REY, mi amor, mi “chatito”:
Sé que en el ahora, estás dormido eternamente… yo espero un día despertar, mi niño, y verte ahí.
Gracias, por seis maravillosos años de un amor que durará infinitamente intacto en mi ser.
¡TE HONRO! ¡TE ATESORO! ¡TE AMO PARA TODA LA VIDA PORQUE TÚ ERES LUKE, EL VALOR DEL CORAZÓN!



